El grito fue rápido, desgarrado y seco. Apenas distinto del ruido insípido que puede producir un pájaro. Allí estaban, sin embargo, los cuerpos encontrados convocando en la brevedad de ese vuelo sonoro las miradas atónitas de los que transitaban por la calle.
Salvarte
Besarte los domingos que no nos apetece nada, salvarte los lunes de madrugones con alguna tontería, quererte el resto de la semana, cenar ensaladas hechas en el coche y dejar el postre para el final, justo cuando nos despedimos y te pido 5 minutos más, mientras escucho la lluvia, la música, tu risa o nada. Nos salvamos sin querer.

Comentarios
Publicar un comentario