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El barullo de la gente, el romper de las olas, el cielo nublado y una brisa ligera,sonando Piano man en un bar cualquiera cerca del mar me encuentro en calma, por fin tengo la mente en blanco. No tengo muchos momentos como este, de simplemente estar sentada conmigo en paz. Me siento afortunada de que la vida me brinde estos momentos y poder compartirlos con personas a las que quiero.  Son los recuerdos que hacen que el dia a dia sea un poco más fácil.
Me gustaría levantarme una mañana y no sentir esta tonelada de agobio en mi pecho. Me gustaría levantarme un dia, mirarme al espejo y decir, que guapa, vamos a hacer algo productivo hoy. Me gustaría poder disfrutar de los planes aunque sean los más simples, sin que en algún momento me ahogue una pena que ni siquiera se de dónde viene. Me gustaría ser una persona normal y corriente, con preocupaciones mundanas de fácil solución. Pero soy yo, con todas las taras que eso conlleva, con toda la ansiedad que eso conlleva.
Cuando entre tanta gente te sientes pequeña y sola. Cuando sabes que no debes pensar las cosas demasiado pero no hay manera de parar a tu cabeza, porque va a 3000 revoluciones por minuto. Me ahogo en cada paso que doy un poco mas, como metida en arenas movedizas. Me autodestruyo y destruyo todo aquello que me hace feliz. Al igual que un girasol le doy la espalda a todo lo brillante que la vida me aporta y me quedo cabizbaja mirando y repensando todo lo que me hace daño. No se que es lo que desencadenó que hoy por hoy mi salud mental sean escombros, ojalá pudiera meterlos a la basura y volver a construir un hogar donde vivir agusto conmigo misma y con mis pensamientos. Aprender a gestionar mi dolor sin tener que destrozar mi dia a dia. Ojalá.
Hoy que la vida me aprieta y me asfixia casi como una mascarilla FPP2, que tengo la sensación de ser poca mantequilla huntada en demasiado pan, el vaso a punto de derramarse, pienso en lo bueno que es para mi huir de aquí. De lo bien que me hace cambiar de aires, de caras, de risas, de cama, en general, de vida, por solo unos días. Otra cosa que está pandemia me ha quitado. Y cuando pueda volver a hacerlo se de sobra que lo disfrutaré con creces, que me tomaré un par de vinitos primavera en la plaza mientras veo el reloj y escucho a mi amiga pesada planeando la mejor foto. Que lloraré quizás con el primer atardecer en lo alto, en mi sitio favorito o cantaré hasta quedarme ronca en una verbena. Hay muchas cosas que jamás perdonaré a esta pandemia asquerosa, pero esta es de las que más pican. Mi impulso para seguir aguantando ola tras ola es pensar que algún dia la marea bajará y disfrutaremos de la calma que tanto ansiamos.