Hoy que la vida me aprieta y me asfixia casi como una mascarilla FPP2, que tengo la sensación de ser poca mantequilla huntada en demasiado pan, el vaso a punto de derramarse, pienso en lo bueno que es para mi huir de aquí. De lo bien que me hace cambiar de aires, de caras, de risas, de cama, en general, de vida, por solo unos días. Otra cosa que está pandemia me ha quitado. Y cuando pueda volver a hacerlo se de sobra que lo disfrutaré con creces, que me tomaré un par de vinitos primavera en la plaza mientras veo el reloj y escucho a mi amiga pesada planeando la mejor foto. Que lloraré quizás con el primer atardecer en lo alto, en mi sitio favorito o cantaré hasta quedarme ronca en una verbena. Hay muchas cosas que jamás perdonaré a esta pandemia asquerosa, pero esta es de las que más pican.
Mi impulso para seguir aguantando ola tras ola es pensar que algún dia la marea bajará y disfrutaremos de la calma que tanto ansiamos.
Comentarios
Publicar un comentario